FC Barcelona, 0 - Real Madrid, 1

Adiós a la Copa... ahora, a por la Liga y Europa

El 'Rey de Copas' se quedó sin su corona en una final que salió fiel al rácano guión planeado por José Mourinho. El Real Madrid se proclamó campeón 18 años después con un partido bronco, duro y repleto de faltas e interrupciones

Ricard López

El Madrid es campeón y hay que reconocer sus méritos. Sus argumentos son pocos, tal vez pobres, pero contundentes. Su defensa es sólida, su contragolpe letal y su nivel competitivo, muy alto. Mourinho se salió con la suya esta vez. Su apuesta resultadista le ha dado frutos en el torneo del KO. Con medios opuestos a los de su rival, la Copa ha acabado en las vitrinas del Bernabéu. Barça y Madrid viven en mundos totalmente diferentes. Al juego alegre, valiente, atrevido y vistoso de los azulgranas se opone el defensivo, duro, a menudo sucio y directo de los blancos. ¿Cuál es mejor?. Los 8 títulos ganados de 11 posibles en los tres últimos años avalan sobradamente a los de Guardiola. El Barça tiene ahora una inmejorable oportunidad para levantarse en las semifinales de la Champions, donde le espera un doble cruce ante el Madrid, el 27 de abril en el Bernabéu, y el 3 de mayo, en el Camp Nou. Y seguro que lo hará. Porque se lo merece más que el Madrid. Porque su fútbol, aunque la Copa se haya escapado, está en otra dimensión. Porque los culés tienen motivos más que sobrados para sentirse orgullosos. Porque no todo se reduce a los resultados.

Juego bronco y subterráneo del Madrid

Más que un partido de fútbol, la primera mitad pareció uno de rugby. José Mourinho llevó el agua a su molino y convirtió el duelo en una batalla campal. El balón cedió el protagonismo al juego duro y subterráneo, y las continuas faltas e interrupciones impidieron que el Barça se sintiera cómodo. ¿Y cómo se consigue eso?. Pues con métodos al borde -si no directamente al margen- de la legalidad futbolística. Es decir, transformando la final en un recital de pisotones, crispación, patadas y rifirrafes. Uno de los terrenos en los que mejor se mueve el luso.

Pésimo arbitraje de Undiano

Probablemente, ello no hubiera sido posible de no ser por la permisividad del árbitro, Undiano Mallenco. La cantinela de "a ver si el Madrid puede acabar los partidos once contra once" pareció hacer mella en el colegiado navarro, pues sólo así se explica que en toda la primera mitad únicamente mostrara una cartulina amarilla a los blancos. Las faltas se sucedían una tras otra sin amonestación, de forma impune. Poco importó que al cuarto de hora Pepe 'cazara' a Messi con un pisotón a la altura del tobillo. O que en el 27', Arbeloa derribara a Villa, y a continuación le pisoteara la rodilla con el asturiano tendido en el suelo. Ni que Ramos le levantara cogiéndole de la solapa como si fuera un muñeco mientras se quejaba. ¿Cartulina?. No. Falta, "jueguen, jueguen" y sanseacabó. Y así podríamos estar un buen rato. Era como si Undiano se hubiera dejado las tarjetas en el vestuario, pero no. Sacó dos: una a Pepe, en el 25', por una falta clamorosa a Pedro... y otra al canario por una inocente falta en ataque. No fue un prodigio de ecuanimidad.

Contragolpes letales

Ello no exime de responsabilidad a un Barça que no encontraba argumentos para zafarse de la presión del Madrid, que supo jugar bien sus cartas. Con un hombre más en la media que en el Bernabéu cuatro días antes -Pepe adelantó su posición-, los de Guardiola se quedaron sin líneas de pase ni posibilidades de atacar. Maniatados, frenados a base de faltas, imprecisos. Así se vieron los azulgranas, que antes del descanso apenas remataron una vez a puerta: en el 7', con un chut desde la frontal de Xavi que salió muy desviado.

El Madrid tuvo más ocasiones y, lo que es peor, más claras. En el 11', Mascherano -que ocupó de forma magistral la baja del lesionado Puyol como central-, sacó bajo palos un remate envenenado de Cristiano Ronaldo. En el 30, el luso no llegó por pelos a un centro envenenado de Xabi Alonso. Y en el 35' obligó a lucirse a Pinto con otro trallazo. Pero el susto morrocotudo llegó al borde del descanso, cuando Pepe, el defensa al que anoche se le permitió todo, cabeceó al poste un centro medido de Özil.

El Barça despertó tras el descanso

El Barça llegó 'groggy' al descanso, como un boxeador noqueado. Y, desde luego, tomó buena nota de lo que le había pasado, ya que la segunda mitad no tuvo nada que ver con la primera. El Barça despertó. Y volvió a ser el de siempre: un equipo gigante, mayúsculo, colosal. El enorme derroche físico pasó factura al Madrid, y en sólo diez minutos, ya estaba contra las cuerdas: Pedro, en el 51', y Villa, en el 55', metieron el miedo en el cuerpo a los de Mourinho.

Gol anulado a Pedro

Ahora sí, ahora el balón empezaba a circular a la velocidad del rayo, las triangulaciones a sucederse una tras otra. Ahora sí, ahora brillaban Messi, Xavi, Iniesta, Pedro, Villa, los reyes indiscutibles del balón. El Madrid pasó a sufrir. Y de qué manera. Y eso que siguió contando con la condescendencia de Undiano, que repartía tarjetas por igual, sin importarle quién hacía más faltas (a Xabi Alonso le sacó una por derribar a Messi en el 59', y en el 63' otra al argentino... ¡por impedir un saque de falta!). Y luego anuló un gol a Pedro por un fuera de juego milimétrico del canario (69').

Casillas salvó al Madrid

Y entonces apareció el de siempre, el eterno salvador del Madrid, Iker Casillas, que con tres grandes intervenciones evitó el 1-0 despejando un chut de Messi en el 74', una vaselina increíble de Pedro en el 75', y un remate cruzado de Iniesta en el 80'.

El tramo final fue un sinvivir. El gol no llegaba. La resistencia de los de Mourinho era numantina. Y aún estuvieron cerca los blancos de salirse con la suya en dos contragolpes de Cristiano Ronaldo y Di María. El Madrid es un equipo defensivo, pero su contra es fulminante. Ya lo advertía Guardiola: "En tres segundos, se plantan desde Casillas en tu área". Ni más ni menos. Porque, en el 90', Di María obligó a lucirse a Pinto con un trallazo desde la frontal que se colaba.

Cristiano decidió en la prórroga

El sufrimiento continuó siendo insoportable en la prórroga. El Madrid vivía de los errores del Barça. Le bastaba con eso. Una pérdida de Xavi en la media estuvo a punto de desembocar en el 0-1. Xabi Alonso asistió en profundidad y Cristiano, velocísimo, falló lo que no suele fallar. Su remate salió rozando el poste (98'). Pero en el 102' no perdonó. Una rápida combinación acabó con un centro de Di María desde la banda... y Cristiano, elevándose sobre los defensas culés, cabeceó a la red. Un golpe tremendo, durísimo.

El Barça intentó levantarse en la segunda parte de la prórroga. Pero ya no hubo manera. El Madrid se salió con la suya, hizo valer sus argumentos, el guión le salió como quería y se llevó el título. Ahora, toca sacarse la espina en la Champions, donde esperan unas semifinales de las que cortan la respiración. Som-hi, Barça!!!.