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12/6/2009

LA CONTRATACIÓN DE C. RONALDO REPRESENTA UNA OBSCENIDAD SOCIAL

Fichaje indecente

El United pactó ayer cobrar 94 millones de euros y dio vía libre al Real Madrid para negociar con Cristiano

Martí Perarnau

Hace una semana, el Real Madrid acreditaba una deuda de 511 millones de euros. Hoy asciende ya a 672 más otros 190 que se han comprometido en concepto de salarios contratados. A esta cifra habrá que sumarle en las próximas semanas un mínimo de otros 105 millones en fichajes, que a su vez comprometerán 160 millones en nuevos salarios y restarle los ingresos procedentes de traspasos y su correspondiente reducción de salarios (en total, quizás 125). El resultado final de la operación es que el club que preside Florentino Pérez tendrá dentro de un mes una deuda neta de aproximadamente 777 millones de euros y habrá incrementado sus compromisos de pago por sueldos a la plantilla en 350 millones más de los ya existentes. Esta es la conclusión financiera del precio pagado por fichar a Kaká (65 millones de euros) y Cristiano Ronaldo (94 millones) y asegurarles unos sueldos estratosféricos durante seis y cinco temporadas, respectivamente. A su vez, ello aboca a una cuestión societaria: ¿puede sobrevivir el Madrid con semejante lastre económico sin verse abocado a la quiebra?

Florentino Pérez responde afirmativamente a la pregunta, como ya hizo a partir del año 2000 en situación parecida y basa su argumentario en lo que generarán los NeoGalácticos. Sin embargo, este argumento es, como mínimo, dudoso pues se asienta en numerosas falsedades e informes de escaso rigor que periódicamente aparecen con datos irreales.

Ocurre igual con el pretendido “milagro” de Florentino Pérez en su primer mandato. En teoría, cuanto tocó se convirtió en oro, pero las cifras dicen algo bien distinto. Esta es la realidad de los primeros seis años de Florentino Pérez en el Madrid: limpió la deuda histórica del club gracias al pelotazo urbanístico, pero a su vez generó una deuda nueva de otros 200 millones, muy similar a la que heredó de Lorenzo Sanz.

Hoy, para maquillar el escándalo social que supone pagar casi cien millones de euros por un futbolista, las relaciones públicas cercanas a Florentino resucitan viejos argumentos: generación de recursos, venta de camisetas, retorno en forma de partidos amistosos y giras, incremento del taquillaje, etc. Pero casi nada de ello es cierto.

En el capítulo de ingresos hay una previsión de 400 millones, ya de por sí fabulosa en los presentes tiempos de crisis, que no admite grandes variaciones. ¿Camisetas? El Madrid ingresa 4 euros por camiseta vendida. En el momento de mayor auge de Beckham consiguió vender 3 millones de prendas en España y ese es el techo. ¿Televisión? El contrato con Mediapro está cerrado por siete años y el pay-per-view será una modalidad a la baja tras el acuerdo con Digital +. ¿Amistosos y giras? Supondrán 20 millones anuales como máximo. ¿Taquilla? Es un ingreso estable, de escasa variabilidad. ¿Participación en Champions? Esta sí es una variable que puede incrementar los ingresos. ¿Palcos? El éxito será recuperar la recaudación de 2007. ¿Publicidad y patrocinio? Un sector en profunda crisis querrá negociar a la baja la presencia en la camiseta blanca. Los 60 millones que sumaban Adidas, Audi y Bwin difícilmente serán superables. Y el 50% de los derechos de imagen en nuevas campañas publicitarias apenas significó nada en los casos de Beckham y Ronaldo. Por todo ello, y concediendo la horquilla máxima, los ingresos totales podrían llegar a 427 millones.

Pero los gastos se incrementarán geométricamente. Sólo los sueldos anuales de Kaká y Cristiano suponen 34,6 millones durante cinco temporadas. Sumados los otros fichajes que lleguen y restados los jugadores que se irán, el balance arrojará un mínimo de otros 18 millones anuales en salarios. Es decir, el coste de la plantilla se incrementa en 52 millones más por año, lo que elevará el presupuesto de gastos también por encima de los 400 millones, lo que pone en duda la posibilidad de beneficios anuales de explotación.

Y luego están las amortizaciones por los fichajes. Sabemos desde el año 2000 que Florentino fue partidario del criterio de la amortización anticipada en un solo año del coste de los fichajes. Era el modelo de los clubs ingleses y el Madrid lo adoptó con el objetivo de ahorrarse impuestos: cuando una temporada arrojaba buenos beneficios, se amortizaba de golpe a un jugador y se reducían dichos beneficios y su tributación. Así hizo con Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham, que minoraron las fuertes plusvalías generadas por el pelotazo de la Ciudad Deportiva. Hasta que llegó un demoledor informe de la auditora Deloitte e intervino Hacienda. El Madrid no respetaba el Plan General de Contabilidad para Sociedades Anónimas Deportivas y Clubes Deportivos que exige amortizar el fichaje de los futbolistas “en función del tiempo de duración establecido en cada contrato”. Eso fue Troya, pues reveló que la contabilidad del Madrid no reflejaba la realidad desde el acceso de Florentino a la presidencia, amén de haber supuesto una profunda tergiversación en el pago de los impuestos. La gente de las relaciones públicas lo bautizó como “contabilidad creativa”. ¿Les suena? Fue el origen de la presente crisis económica mundial: la codicia y la contabilidad creativa nos estafaron a todos en beneficio de unos pocos especuladores.

Ironías de la vida, Ramón Calderón tuvo que corregir a Florentino Pérez, obligado por Hacienda, y en 2008 hizo regresar al Madrid al criterio de la amortización plurianual. ¿Qué hará a partir de ahora Florentino? Lo más probable es que mantenga el criterio implantado por Calderón, pues de lo contrario no sólo chocará de nuevo con Hacienda, sino que este primer ejercicio presentaría unas cuentas escandalosamente rojas.

Para que semejante modelo pueda sostenerse en el tiempo pese a semejante lastre el Madrid únicamente tiene dos opciones: la primera es deportiva y consiste en ganar cada temporada entre dos y tres títulos, algo que no ha ocurrido en el último lustro ni siquiera con Florentino en el palco; la segunda es patrimonial y supone vender el estadio Santiago Bernabéu previa recalificación urbanística, la especialidad del presidente.

¿Qué dice a todo esto el socio madridista? Pues combina la extraordinaria ilusión por el fichaje de dos fenómenos mundiales con la preocupación por cómo se pagará la fiesta y mucha vergüenza por la obscenidad social que representa. Es fácil caer en la demagogia populista en un asunto como este y ya vimos cómo Juan Onieva, con su propuesta de dedicar el 0,7% del sueldo de los jugadores a socios madridistas en apuros se metía de lleno en dicho charco. Pero resulta indiscutible que el fenómeno provoca rechazo social, más allá de las simpatías personales. Por estadística, el 18% de los aficionados al fútbol están en el paro y fichajes estratosféricos como estos suponen una bofetada moral. Sabemos desde hace décadas que la ética y los valores morales no cotizan al alza, pues ya dejó escrito Bergamín que no hay justicia en el mundo: “Comes salchichón y cagas mierda; pero comes mierda y nunca cagas salchichón”, dijo el célebre escritor madrileño. Quizás no quepa pedirle al mundo del fútbol que sea austero en estos tiempos del cólera, pero tampoco que alcance semejantes cotas de despilfarro.

Si el origen de la crisis que sufrimos estuvo en la desvergüenza, la relativización de la ética y la exageración de la codicia por parte de unos pocos, pero ahora la estamos padeciendo todos y especialmente quienes menos responsabilidad tienen en ella, el ejemplo de Florentino llega en mal momento para reivindicar los tradicionales valores del Real Madrid: austeridad, sobriedad, rigor y seriedad. Hoy, las relaciones públicas y la contabilidad creativa pretenden maquillar una operación ciertamente obscena, un auténtico despliegue de insolencia. Más allá de poner al Madrid en riesgo de quiebra o de las antipatías que genere semejante despilfarro, lo relevante es que un presidente cuya referencia siempre fue Santiago Bernabéu, se aleje tanto del comportamiento de su mentor como si en el mundo del fútbol ya sólo valieran las poses del nuevo rico. El tiempo y las amortizaciones nos dirán si era necesario cruzar todas las líneas rojas de la sensatez.

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