Florentino Pérez lo vio desde el palco de esa plaza de toros -y que huele a toros- reconvertida en pista de basket. Joan Laporta quizá lo vio -o no- por la tele. Los dos presidentes sabían que el 'otro Madrid-Barça' no iba a decidir nada, pero estaban locos por ganarlo. En la inmensa partida de ajedrez en que se ha convertido el duelo entre los dos grandes, los enfrentamientos directos son siempre importantes porque permiten sacar pecho unos días y ganar una batallita anímica, que al final son las que deciden la guerra. Pues bien, ganó Laporta. Xavi Pascual le dio tal repaso a Ettore Messina que los jugadores del Barça se permitieron 'indultar' a los del Madrid. Y no salieron a hombros porque los seguidores madridistas o se habían ido ya o trataban de digerir lo que habían visto. En un domingo sin fútbol, la afición blaugrana pudo llevarse otra alegría y hasta celebrarla con seis copas.

Barça y Madrid se van a enfrentar muchas veces más en la larga carrera del basket. En España y en Europa.Y cualquiera de los dos puede llevarse los tres títulos más preciados -el cuarto, la Supercopa, ya es blaugrana- pero va a costar olvidar el 57-79 de Madrid. Prigioni tendrá problemas para superar el repaso que le dio Ricky, Velickovic entenderá que una cosa es jugar con el Murcia y otra bien distinta con el Barça y hasta el experto Messina sabrá ya que la ACB no tiene nada que ver con la Lega ni con la Liga rusa, donde su CSKA propone y hasta dispone. Es la tercera vez que le gana Pascual en lo que llevamos de temporada. En Reus, sin internacionales en ninguno de los dos equipos, se dijo que era un amistoso de verano. Lo era, evidentemente, pero nadie quería perder. En Las Palmas, las lesiones fueron la excusa pero, ahora en Madrid, ni las ausencias justifican el desastre. Lo cierto es que Pascual ha sabido incorporar a cinco jugadores manteniendo la estructura con los otros siete, mientras que Messina no encuentra soluciones para su revolución, que le ha hecho fichar a 11 jugadores en lo que llevamos de temporada, estar pagando a 16 (los fichados más Reyes, Bullock y Llull que siguen y Hervelle y Massey que lo ven desde la grada) y haber desembolsado importantes cantidades para que Tomas y Papadopoulos aceptaran abandonar el club.

Es comprensible la mala cara con la que Florentino Pérez presenció el último tramo del partido. El presidente blanco invirtió bastante más de 30 millones de euros y permitió que su segundo entrenador -un italiano que fue la mano derecha de Messina en Bolonia y en Moscú- sea el cuarto técnico mejor pagado de la ACB para ver ahora las grietas del proyecto. Pagar para que brillen más los triunfos del Barça no debe ser plato de fácil digerir para Florentino Pérez.