Francia estará en el Mundial; Irlanda, no. Lo que entra dentro de toda lógica llegó en el minuto 204 de un duelo de repesca en el que ambos se lo jugaban todos. El barcelonista Therry Henry controló, con un doble palmeo de su mano izquierda, un balón que se escapaba por la línea de fondo y le regaló el gol a Gallas. Los jugadores irlandeses aún corren detrás del árbitro, pero el sueco ejerció de sueco y no quiso ni siquiera consultar, quizá pensando que el francés Michael Platini no avalaría la consulta, que a Adidas le interesa la selección gala en Suráfrica o, simplemente, que su capacidad no da para más. De cualquier manera, una vergüenza para el fútbol. Además de una injusticia para todo el deporte. La mano de Henry, como la de Maradona en el Mundial del 86 ante Inglaterra, no debe quedar sin castigo ni, mucho menos, puede ser después motivo de orgullo nacional como ha sucedido en el caso del argentino. Quizá en 1986 resultaba más difícil corregir la injusticia, pero ahora es sólo cuestión de voluntad. Un aviso desde el area técnica al árbitro, una consulta de cinco segundos y gol anulado. Medios los hay de todos los colores. Si no se hace es porque no se quiere.@more@

¿Y por qué no se quiere? La verdad es verdad es que no lo sé. O no quiero pensar que no se quiera hacer nada para generar la polémica y fomentarla como la gran arma publicitaria del deporte... pase lo que pase después. No hay duda de que se va a hablar muchísimo más ahora de la mano de Henry que si el gol hubiera sido anulado, de la misma manera que se ha hablado de la de Maradona durante los últimos 23 años. El francés, por lo menos, tuvo la valentía de reconocerlo inmediatamente después de finalizar el partido mientras que el '10' -el peor ejemplo posible para la juventud por mucho que nos empeñemos los medios de comunicación en reir sus escasas gracias- atribuyó siempre la jugada a causas divinas. ¿Es eso fútbol?, ¿beneficia a alguien? Alimenta, sin dudas, las tertulias, pero fomenta un odio que luego se plasma en incidentes como los que han acompañado a los duelos entre Argelia y Egipto, por no remontarnos a otros y numerosos ejemplos. Hay que acabar con esas injusticias y, sobre todo, hay que acabar con el fomentado cinismo de los fanáticos capaces de justificar lo injustificable cuando se trata de sus colores. Hoy Francia celebrará el gol mientras que Irlanda se acordará de Henry y del árbitro sueco, pero mañana puede ser al revés o afectar a otros. Las injusticias -vengan de donde venga y perjudiquen puntualmente a quién perjudiquen- acaban destrozando al final a todos. El fútbol no debe ser una excepción. Las leyes -deportivas o no- están para cumplirse y los medios técnicos sirven para denunciar a los tramposos. Sean del club o del país que sean.