Cuando los resultados no acompañan, los que no juegan salen reforzados y todo el mundo se acuerda de ellos. En cambio, cuando éstos son buenos el olvido es el compañero de los ausentes. Este Barça estelar hasta la fecha, completa récords de puntuación y sigue asombrando por todo el continente. Y lo esta haciendo sin Iniesta. Muchos se pueden dejar llevar por la euforia actual y posiblemente no noten la falta del manchego en estos momentos de bonanza de resultados; yo le sigo echando en falta. Sigo acordándome de él, pues aporta un plus al equipo, un plus de espectáculo, de belleza, de convertir lo difícil en sencillo, de hacer fácil aquello que es tan complicado, pero que al vérselo hacer parece un juego de niños. Y les puedo asegurar que es difícil, muy difícil. Todo lo que no parece tener fuera de los terrenos de juego, que por cierto algunos o muchos se lo echan en cara para que pueda conseguir el reconocimiento mundial que tienen otros jugadores peores que él, glamour, elegancia, saber estar, lo tiene en cambio sobre el verde césped de los estadios. Pocos jugadores en la actualidad –y me refiero a nivel mundial– pueden llevar a cabo esas ‘delicatessen’ futbolísticas que, atención, además son muy prácticas y efectivas para el equipo. El suyo es un fútbol de gran distinción, pero sumamente práctico para el equipo, y conjugar esos dos aspectos hoy en día está al alcance de muy poquitos. Me he dignado a escribir estas líneas al escuchar algunos comentarios acerca de las hipotéticas dificultades que tendrá Iniesta para entrar en el once titular viendo el rendimiento del equipo y más concretamente del francés Henry. Pues cuando vuelva a estar en condiciones, para mí Iniesta y diez más. Iniesta, vuelve, el espectáculo te necesita.