Hola, amigos.

Ronaldinho ha sido, probablemente, el futbolista más mágico que he visto en mi vida. Durante dos años me alucinó con su espectacular manera de ver el fútbol y me emocioné con algunas de sus actuaciones, como la que puso en pie al mismísimo Bernabéu. Fue, sin duda, un icono que hizo resucitar al triste entorno blaugrana, que llevaba tres temporadas sumido en la tristeza más absoluta. El fichaje del crack brasileño iluminó el Camp Nou tras la siniestra etapa de Gaspart. Y alrededor del Gaucho se construyó un equipo que asombró al mundo con su juego y sus títulos. Dos Ligas y una Champions avalan su trayectoria en el Barça de la mano de Rijkaard.

Pero, lamentablemente, Ronaldinho se cansó un día de ser futbolista y se dedicó a vivir (o malvivir, según cada uno) la noche barcelonesa. Abandonó sus malabarismos en el campo, se olvidó de entrenarse y apostó por la juerga en su máxima expresión. Por eso su brillante etapa en el Barça acabó antes de lo esperado y el club no tuvo otro remedio que traspasarlo para que su mala influencia no perjudicara a un grupo humano que todavía tenía mucho que ofrecer a los culés. Sin Ronaldinho, Messi pasó a ser el líder del nuevo Barça de Guardiola y la cantera creció hasta convertirse en el máximo exponente del fútbol blaugrana.

La venta de Ronaldinho al Milan fue, sin duda, una de las mejores operaciones que hizo Txiki Begiristain. Y ahora Berlusconi todavía se está tirando de los pelos por haber pagado más de 20 millones de euros por un ex futbolista. Ronnie lleva un año y medio en el Calcio y no se ha recuperado de sus adicciones nocturnas. El hat trick que consiguió hace unas semanas sólo fue un espejismo. El verdadero Ronaldinho es el que se tira tres noches de juerga, gastándose 75.000 euros en bebida, comida y mujeres, antes de un partido. El Ronaldinho mágico, por desgracia, ya no existe para el fútbol. Sólo para las 'farras' de madrugada. Una pena.

Hasta mañana.

Salud y suerte.